El otro día tuve un sueño fantástico
por M.G.
Al igual que una cinta cinematográfica, como cuadros de un comic que expresan sentimientos fugaces, disparates inocentes, conjeturas románticas y hasta morbo despectivo se presenta todo lo que deseamos. En los instantes en que dejamos de ser persona, cambiamos nuestro esquema cotidiano y nos entregamos a las reflexiones íntimas... que tanto placer por las realidades inmaculadas y maravillosas, se nos aparecen, entregándonos muchas espectativas para el futuro.
El otro día tuve un sueño fantástico: aún humano y rompiendo con las leyes de la naturaleza pude volar por el cielo; pero el realismo de aquel instante me pasó la cuenta con mareos y fuertes palpitaciones.
¿Qué se puede decir de todas las ilusiones acaecidas al cerrar los ojos?. No es necesario dormir, sólo basta cerrarlos para lograr concentración y el éxito de tener delante nuestro a un cuadro cuyo tema es todo lo que queremos vivir de una vez por todas. Dar a los deseos íntimos y anhelos incomprendidos, nos seduce a no querer despertar, como cuando somos cómplices del clímax de alguna película y ansiamos pasionalmente que el acto se diluya hasta la eternidad.
El otro día tuve un sueño fantástico: quise alterar el camino de lo inevitable con alternativas infantiles, dignas de miradas tiernas y reproches amorosos... no pude lograr mi cometido. Lo que no quería me aplastó como suela desgastada a una diminuta cucaracha de jardín.
Quiero dejar a la realidad onírica hacer su trabajo de guiarme por senderos ecuménicos, que me muestre todo aquello no correspondido por lo cotidiano, determinista; la inquietud sea el agua destinada a saciar mi sed y la garantía de mantenerlos en destellos la comida, el hogar y todo el placer que de ahora en adelante necesito para vivir.
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