miércoles, 16 de febrero de 2011

UN PEQUEÑO CUENTO DE BIENVENIDA


Condena.

Estaba mirando a través de la ventana de su prisión en una madrugada sin luna, en donde la fantasía y la ilusión se han ido y no volverían nunca más; la vida se encargó de enrostrarle la ignominia de la que fue presa desde el inicio de los tiempos.

"Ella no volverá" se encargó de decirle su verdugo, mientras aprovechaba el momento para abofetear su cara por el simple hecho de ser un miserable. Basura de la humanidad, él no se merecía nada, todo lo bueno que alguna vez existió se perdió en el vasto imperio del olvido.

...estaba completamente solo.

Caminó hasta un pequeño jardín, no muy lejos del lugar en que fue maltratado, un lugar abierto y contrario a toda lógica de los tiempos modernos, de difícil descripción para los seres que se han amparado falsamente en la bandera de la felicidad. No se puede decir mucho, no corresponde dar mayores antecedentes de criaturas pertenecientes a una nación extranjera desconocida. La vida es cruel para quienes nunca recibieron la milagrosa alternativa de ser hombres comunes y corrientes; es la jugarreta de seres superiores de las cuales no se conoce ni en lo más primario y fundamental.

"Mi espera ha sido inútil y mis actos incomprendidos", fue lo que le dije en el momento en que nos encontramos casualmente, en medio de la torre central engañosamente plagada de francotiradores. Compartíamos la misma condena.

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